jueves, 8 de julio de 1999

Lalo Mir: "A nadie le importa el prójimo".


Es un verdadero “Animal de radio”. Lalo Mir es locutor, conductor, productor y operador. Por eso no extraña que haya elegido ese apelativo para nombrar su programa que va de lunes a viernes de 19 a 21 por la Rock & Pop.
Devenido casi a procer por una parte de la generación de los que tienen entre 25 y 35, su primer éxito fue en Radio del Plata con “9PM”, a principios de los ´80, con la “Negra” Vernaci. “Fue el primer programa loco y desencajado de la radiofonía nacional –recuerda-. Aunque conservaba el espíritu de la radio tradicional: Hombre-Mujer, habla uno y el otro, punto a punto. De a poco fuimos improvisando y terminó en cualquiera”, concluye.
-Vos y Mario Pergolini hicieron carreras paralelas pero en un momento él se estabilizó en la TV y con su productora y vos, después de “Las patas de la mentira” no se te volvió a ver. ¿Por qué?
-Tal vez fue más afortunado. Pero no me preocupa. No vivo la vida de los demás. Me parece bárbaro lo de él. Tal vez lo hubiera disfrutado. O no, porque a veces me asustan sus responsabilidades.
-¿Cómo te llevás con Daniel Grinbank, el dueño de la Rock & Pop?
-Es y no es un empresario. No es tradicional, pero maneja dinero, contratos, empresas y ese tipo de cosas que hace esa gente. Trabajo muy cómodo con él. Desde el ´86 estoy en su radio y nos juntamos apenas cinco veces. Es todo “hola, que tal”, “vamos a tomar unos vinos” y cada tanto nos juntamos a cenar. Para lo doméstico tenemos interlocutores válidos, como Quique Prozen, que es el gerente de la radio. Los problemas que pueden surgir se resuelven en los planos intermedios.
-¿Estos problemas pueden ser de dinero?
-No es mi estilo hacer cuestiones por la plata. Con ellos hemos tenido encuentros y desencuentros, siempre dentro de la ley, pero sin peleas.
-¿Se pueden mantener ideologías hoy?
-El sistema es tan grande que terminás como un pelotudo hablando al pedo. Si lo hacés estás loco. A menos que seas partidario del liberalismo y de esta cosa insana de la globalización. (Piensa) En definitiva eso tasmbién es una ideología. La única que existe y cualquier otra es peligrosa. Aunque genere todos los males del mundo.
-¿Cómo se lucha contra eso?
-Nada, te levantás todos los días y decís lo que pensas, pensás lo que hacés y hacés lo que decís. Es el círculo de la coherencia “marulla” que tengo. Siempre coherente.
-¿Quién es tu maestro?
-Lo mío es como la del botero, que es tan sabio y lo único que hizo toda su vida es pasear personas de un lado a otro del río. Y un chabón le pregunta: “¿dónde aprendiste todo esto?” “Me lo enseñó el río”, le contesta. Hay enseñanza en todo. Cualquiera puede ser un maestro. El obrero, el herrero, el alquimista, todos pueden darte algo y si los sabés escuchar, podés ser el sabio más grande del mundo. Yo soy así con la radio: los escucho a todos. No me quedo fanatizado con una sola emisora.
-¿Estamos en un año político, vislumbrás un cambio?
-Mmmm... (piensa). No, me parece que viene más de lo mismo. Con pequeños retoques o ajustes. No veo huevos para un cambio.
-¿Qué pasaría si alguien se anima a cambiar?
-Sería como decirle al mundo que va al revés. El próximo que llegue (no sé si será argentino, tal vez venga de Europa o de Asia) lo hará con un solo bando en la Tierra. Será un verdadero transgresor y revolucionario. Va a decir “está todo mal”.
-Y va a tener que ser mediático ¿no?
-Muy probablemente. Pero no necesariamente como nosotros lo vemos: el programa de televisión. Sí en el sentido de que tendrá facilidad de acceso a todas las mentes. A todos los seres humanos al mismo tiempo. Que es algo muy factible en el fin de siglo. El satélite, más Internet, más una computadora, más un hacker (pirata informático), más una mente iluminada pueden comunicar mensajes a mil millones de habitantes del mundo al mismo tiempo.
-¿Una persona así no se vería expuesta a la injuria?
-Es que el descrédito no existe más. El más vapuleado vuelve a los tres años y nadie se acuerda. Vivimos para la satisfacción personal y nada importa. Estamos en el mundo del espejo y del hedonismo. A nadie le importa el prójimo. Es pura paja.
-Es una imagen devastadora.
-Pero nada es para siempre. Siempre puede haber un cambio.
-¿Hay escapatoria?
-Quedan islas. Hace unos años estaba en Puno, Perú, comiendo en una casa en un primer piso. Era un restaurante que ni sé cómo me enteré que existía. A orillas del Titicaca. Esa misma noche tenía que tomar un tren a Cuzco que rodeaba el lago por entre las montañas. Aparece un “chabón” que dice: “¿ustedes son argentinos y van para Cuzco?” -“sí”. “Bueno denle esta carta a Bilbao. No hace falta tener dirección, vayan a la noche a la `Calle de los procuradores´ te vas al fondo y se la das a un tipo con sombrero negro y un poncho y se la das”. Pasó, viajamos 500 kilómetros, llegamos, se la di y se fue. Fui cartero sin ningún dato en la era de la globalización.


Gustavo Masutti Llach
Revista Impacto
Buenos Aires, Argentina
1999