domingo, 25 de abril de 1999

Carlos Giachetti: "En el Interior el folklore ocupa los horarios centrales".


El hombre se apasiona cuando habla de folklore. Muchos lo conocen como la cara de "Folclorísimo", el musical que conduce desde 1996 los domingos por ATC. Sin embargo, Carlos Giachetti (51) tiene una extensa carrera como conductor de radio. De hecho, explica el estar ternado para el Martín Fierro en el rubro "Mejor programa de música folklórica" por "Folclorísimo", (Radio Folclorísimo, AM 1410, lunes a viernes de 7,00 a 8,00 y sábados y domingos de 8,00 a 12,00), junto a "Voces de la Patria Grande", de Marcelo Simón y "Raíces", de Blanca Rébori, por "...mi trayectoria. Los mejores programas los hice en los inicios de mi carrera, pero nadie me conocía". Entre sus pergaminos figura haber transmitido 36 horas ininterrumpidas de folklore en el ´97 por Radio Municipal y la fundación de Radio Folclorísimo, en 1993, que aún dirige.
-¿Cómo se llega a ser propietario y director de una radio que transmite folklore las 24 horas?
-Es consecuencia de la falta de difusión y del maltrato que sufrimos los hombres que queremos hacer programas de folklore en todas las emisoras privadas.
-¿Por qué?
-Porque sus directivos no conocen del tema y consideran que tienen que ir en horarios marginales. Y no es así. A mucha gente le gusta: el consumo de folklore está segundo detrás de la bailanta y por sobre el rock y el tango.
-¿No será que no interesa por una cuestión de "target"? ¿El rock y la música melódica pertenecen a un nivel adquisitivo superior?
-Me parece que influyen los musicalizadores. Ellos son jóvenes y de Buenos Aires. Por lo tanto no conocen el fenómeno. Esto no pasa en el Interior, donde el folklore ocupa los horarios centrales. El artista de la zona quiere hacerse escuchar y va a la emisora que tiene más cerca. Por eso los directores y musicalizadores están más atentos.
-En Estados Unidos la música "folk" es una industria formidable. ¿Qué nos falta para llegar a esos niveles proporcionales de poderío económico?
-El folklore nacional es una industria porque de él viven músicos, autores y las compañías. Pero también es cultura. Por lo tanto, para ser una industria poderosa, el estado debe protegerla como en México, donde obligan a las emisoras a pasar un porcentaje de folklore en su programación. También en las escuelas. Los niños deben saber diferenciar un gato de una chacarera o un escondido. Y deben conocer su geografía y sus leyendas. Todos tenemos nuestras raíces y los hombres del folklore queremos defender y difundir precisamente eso.
-¿Sin el apoyo del Estado se podría lograr? El folklore ha demostrado que puede ser negocio.
-Es difícil. Serían intentos aislados y quizás no lleguemos al final de la historia: que todos tengan clara su identidad. Las escuelas están ahí, con sus maestras y lo único que hay que cambiar es una materia. Desgraciadamente el Estado está dejando de lado todo lo que no es rentable. En todas las épocas hubo líneas de pensamiento mundiales y hoy se impone el liberalismo a ultranza. Si el folklore no es negocio, no se lo apoya. Esto se cambia sólo con un viraje de mentalidad y de la mano de las decisiones políticas.
-Estamos en año electoral y la nueva "administración" no saldría de la Alianza o el Justicialismo. ¿Cuál de los dos estaría más dispuesto a apoyar al folklore?
-Ninguno de los dos apoyará nada porque están condicionados por el FMI que les impone políticas económicas recesivas. En eso son iguales. La política de los grandes centros de decisión necesitan del bipartidismo porque garantizan que no habrá cambio. Esto cambiará cuando una corriente de pensamiento entienda que nuestra verdad pasa por valores nacionales y populares. Por eso en mis programas hablo de la geografía. Porque los intereses económicos nos podrán cambiar la música o los gustos pero no se puede modificar al Río Paraná o al Aconcagua.
-¿Usted compite con Radio Nacional?
-Se dice que la contrapartida de ellos siempre fue "Folclorísimo". Yo no compito con nadie. A mi me gustaría que muchos hagan folklore para ponerme a descansar. Lo mío es un apostolado. Hay que sumar, sumar, sumar y sumar.
-¿Se siente un cruzado?
-No, lo hago con una felicidad tremenda. Y hay miles como yo, pero no somos comprendidos. Y quisiera que miles se sumen a la alegría que provoca escuchar que se le canta en nuestro idioma al árbol, el amor, al hombre o a la vida. Eso lo tengo todos los días cuando voy a la radio. Con esta crisis económica que viene, creo que vamos a andar mejor los hombres que estamos ligados a la tierra. Porque se van acabando los espejitos de colores. Y el "pobrerío" tiene más tiempo para pensar. Esta es la línea de pensamiento que se fortalece y hablábamos antes.
-¿Cómo se ve esto en su emisora?
-Mi radio es un mosaico. Yo vendo los espacios pensando en lo regional. Hay un programa dándole su lugar a cada región. Los hay culturales y musicales. De quienes les gusta lo moderno y lo tradicional. Pero tienen que tener una idea afín con lo que estamos hablando. No hay política deportes ni otro tipo de cosas. Es porque estamos cansados de que en las radios en las que se emiten esos temas no nos den un lugar. Bueno, acá no lo tienen ellos.
-¿Cómo le va en el rating?
-Bien. Yo conozco los seis pilares para ganar audiencia: Música, noticias, política, deportes, espectáculos y los policiales. Pero yo soy ortodoxo con el folklore y no voy a transar. Los políticos usaron el folklore siempre. Cada vez que vienen las elecciones se acercan para comprar espacios ofreciendo mucho más de lo que me pagan. Prefiero ganar menos pero darle el espacio a bajo precio a un santiagueño que ama a su tierra.
-¿Con estos parámetros, la radio es viable económicamente?
-Es difícil. Las discográficas no nos apoyan porque promocionamos a artistas poco conocidos. Recibo un trabajo de artista nuevo por día. Debo agudizar el ingenio y mi lucro es mucho menor. No hay subvenciones y tenemos algunas publicidades pequeñas. Mientras funcione, seguiremos. Si no... bueno, hicimos patria.

Gustavo Masutti Llach
Revista Ahora - Diario Crónica
Buenos Aires - Argentina
25 de abril de 1999

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