sábado, 20 de octubre de 2001

Matías Martin: "Sí, gano menos que antes"




Tuvo un año en el que debió afrontar varias de las situaciones que más stress generan: masividad a partir del éxito de "Fugitivos", paternidad, mudanzas de casa y de radio y separaciones. Sin embargo, a Matías Martin se lo ve bien, con la mirada firme y el ánimo en alza. Uno de esos cambios redundó en que dejara la Rock & Pop para pasarse a la Metro (95.1). Allí conduce "Basta de futbol" (lunes a viernes de 14,00 a 18,00) junto a otro periodista deportivo de su generación: Juan Pablo Varsky.
-¿Se te nota el estado de ánimo cuando estás frente al micrófono?

-Creo que lo advierte sólo el que me conoce bien. Y cuando se hace indisimulable hasta para mí, porque ni me soporto, prefiero blanquearlo y decirlo al aire. Aunque suele pasar muy poco porque entrar al estudio me pone bien, me carga de energía positiva y me levanta el ánimo. Por eso no tengo problemas en decir "hoy estoy fastidioso, no me rompan..." Y la gente se copa con la sinceridad.
-¿Y cómo estás?
-Bien. Aunque tengo mis días, no te vayas a creer... (advierte). Igual mi ánimo puede cambiar por muchas estupideces. A veces depende de cosas mínimas. Desde llegar tarde a tres lugares consecutivos hasta haber tenido un percance a la mañana pueden hacerme llegar de muy mal humor a la radio.
-Se te ve firme.
-En general estoy bien. Pasé momentos difíciles en mi vida, siempre tuve que salir al aire, y eso me ayudó a estar mejor. De hecho, mi papá se murió un viernes (en 1997) y yo el lunes estaba adentro del estudio a pesar de que me dijeron que podía tomarme unos días. Lo necesitaba porque soy también un "enfermito" del trabajo.
-Y después de un buen proceso en la Rock & Pop, ahora te mudaste a la Metro.
-Sí. Estoy muy feliz, como muchas veces, de trabajar en un medio. Feliz porque la radio tiene otros tiempos, otra posibilidad de reflexionar, de pensar, de escucharme y de escuchar a los demás. El programa gira sobre un eje temático que cambia cada día, se leen algunas noticias y hay secciones fijas. Se basa sobre todo en la interacción con los oyentes, que opinan, proponen y hay mucha gente que se encuentra.
-Que es una de las marcas características de la Metro.
-Sí, es una radio muy interactiva. Venimos de "El Parquímetro", con Fernando Peña, que tiene un esquema similar. La diferencia es que ellos tiran cuatro o cinco preguntas y están los personajes, que son el corazón del programa.
-Esta es la diferencia fundamental con la Rock & Pop, donde los oyentes casi nunca salían al aire.
-Es cierto, allá había menos interacción. Además acá el público es más amplio, mas piola. Porque te puede aparecer un tipo de cincuenta años, con su hijo de veinte. La noche de Rock & Pop tenía una audiencia totalmente diferente.
-¿Es otro target el de la radio o de la tarde de la radio?
-Los dos. Y antes de que se acabe el año (?) quiero decir que la Metro tiene la mejor audiencia de la radiofonía argentina.
-¿En qué te basás para afirmar eso?
-Es gente que escucha con atención, siempre responde y desde un lugar de aportar algo. No llama ni para pedir un saludo ni para decir "aguante no se quién". Tal vez estoy discriminando pero es la sensación que tengo.
-Sin embargo, ¿no extrañás la mayor audiencia de Rock & Pop?
-¡Dejá...! para el rating ya me hago problemas en la tele (y por suerte a "Fugitivos" le va bárbaro con sus quince puntos). En la televisión es más determinante la cantidad de público. En radio, si estoy octavo o quinto no modifica demasiado. De verdad. Por supuesto que deseo que me vaya siempre bien porque laburo para eso.
-¿Entonces?
-Con la audiencia que tenemos no damos abasto a poner al aire a todos los oyentes que llaman. Quise y quiero mucho a Rock & Pop, me encantaría volver alguna vez y tal vez no haya lugar par mí o sí, no sé. Pero necesitaba dar un pasito al costado. Y La Metro fue una muy buena elección.
-Tuviste otras propuestas.
-Sí, pero entre todas las ofertas que tuve, me quedé con la Metro, era la que quería.
-Una de ellas era Radioshow, la de Marcelo Tinelli, que a su vez produce "Fugitivos". ¿Qué definió la elección de la Metro?
-Me gusta mucho la Metro. Soy oyente y fanático de la radio como medio y tengo mucho gusto por ella. Hay una diferencia entre las dos. Pero no quiero parecer cruel...
-Dale...
-Venía de la Rock & Pop, donde antes que yo estaba Lalo Mir y le entregaba la posta a Bobby Flores. Y si llegaba a ir más temprano me pasaba lo mismo con Mario Pergolini o la Negra Eli Vernaci. Estamos hablando de íconos de la radiofonía argentina dentro del target en el que me muevo. Otra cosa es la gente de la tele haciendo radio.
-Es decir que no es lo mismo que te entregue Fabián Gianola o Pachu Peña.
-No quiero dar nombres para no crear resquemores. Pero no es lo mismo. En la Metro voy después de Fernando Peña y antes de Ari Paluch. Me siento en un ámbito más radial, más cómodo, más a gusto. Pero no es sólo el contexto. Te repito que era oyente de la Metro. Me gustaban las propuestas de los programas.
-¿Escuchás a la competencia?
-No, desde que me fui no escuché más a la Rock & Pop. Hago mucho zapping radial y pongo muy poca música.
-¿"Radioshow"?
-Sí. Me gustó.
-¿AM?
-Muy poca. Más que nada todo lo que está vinculado al fútbol: las tiras deportivas y las transmisiones de partidos.
-¿La Diez, que va primera?
-No y la verdad es que no me da ganas, tampoco. Lo pongo un poco a Marcelo por la mañana y en general escucho la Metro. Y cuando quiero un poco de música opto por Aspen, Supernova o Gen.
-El mercado radial se retrajo mucho.
-Sí es terrible.
-¿Cómo te afectó, bajaron tus ingresos?
-Sí, gano menos que antes. No lo propuse pero había que recortar y si los tocaban a los dos productores que trabajan conmigo se modificaba su nivel de vida. Entendí y asumí con mucho dolor que, si bien me rompe las pelotas y espero que vuelva "la buena", el ajuste me lo podría bancar mejor yo que ellos.

Gustavo Masutti Llach
Diario Crónica Revista Ahora
Buenos Aires
Octubre de 2001

sábado, 15 de septiembre de 2001

Ricardo Horvath: "Soy un hombre de izquierda que no se identifica con ningún partido"

De lunes a viernes, de 13 a 15 por FM de la Ciudad, Ricardo Horvath lleva adelante "Café, Bar, Billares", un espacio dedicado a charlar sobre el tango, la ciudad y la vida. "Es simplemente un programa de radio con tangos -define- y me copio de los que saben, como "Quique" Pesoa o el "Negro" Dolina. Trato de provocar la imaginación de los oyentes y darles información y temas de discusión (se leen todos los mensajes). Juego con ellos pero no hago sorteos: no me gustan. Además incorporé la lectura de poesía. Vienen los autores a recitar y esto tiene un gran impacto en la audiencia. Buscamos la participación masiva del oyente y se leen todos los mensajes. Queremos el disenso, no que solamente pidan temas musicales". .
-Blackie fue muy impotante en su carrera, hasta escribió un libro...
-Empecé de casualidad con ella. Me acababan de echar de una editorial y fui a trabajar al noticiero de Canal 9. Estaba desconforme con lo que estában haciendo y Julio Pico, que era el gerente artístico, me comentó que Blackie volvía a la televisión después de su enfermedad. Iba a hacer "Derecho a Réplica" y me sumé a la producción. Cuando murió, sentí la necesidad de escribir un libro sobre ella. Dio la casualidad de que estaba escribiendo para la revista "Todo es Historia" y me lo editaron. Los libros me apasionan pero no dan para vivir.
-¿Cómo era ella?
-Irreemplazable. Hoy en día no hay ningún productor de radio o televisión de su nivel. Conducía varios programas de T.V. y radio a la vez y los producía. Más tarde empecé a hacer radio con ella.
-¿Qué fue lo que más lo marcó?
-Su profesionalismo. Me "cagaba a pedos" todo el tiempo. Era una madre y como tal, era "jodida". Nos hacía estar atentos hasta los fines de semana. Aprendí mucho a pesar de que ya tenía mi escuela. Trabajé con Juan Gelman, Enzo Ardigó, Jorge Cané y tantos otros. Ellos me enseñaron a abrir las puertas. También aprendí que uno en los medios dura poco. Pero eso es una ventaja, porque no te burocratizás. Pasás de comer con el mejor vino a cenar un sandwichito con un vaso de agua.
-¿Para durar en un medio sin transar hay que generar dinero?
-Si lo encarás por ese lado siempre perdés. Porque pasás a depender del anunciante, el partido político o el gobierno que te respalda. Hablar de periodismo independiente no tiene mucho sentido. Siempre tenés arriba un jefe, jefecito o jefazo. Dependés más del respeto que te ganaste, aunque también se puede volver en tu contra. O podés convertirte en un empresario de tu persona. Es el caso de Neustadt, Hadad o Varela. Ellos son empresarios que venden su nombre como una marca y hay empresas que los apoyan. Pero no son periodistas.
-¿Terminan como voceros de esas empresas?
-Sí. A Neustadt le pasó. Se tiró contra Sevel y Macri le retiró la publicidad. Y nadie protestó ni habló de censura.
-Usted trabaja en una radio que depende de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires. ¿Tiene libertad para criticar?
-Sí, eso es algo que le agradezco a Rubén Machado, el director. El planteo fue ese desde el principio. Digo siempre lo que pienso. Hago política, pero no política partidaria, que me tiene decepcionado y me parece que a la sociedad también. En mi programa aparecen personajes del ámbito social pero nunca políticos. Se habla de tango y de lo que ocurre en la sociedad. Pero no reniego de la política. El otro día un oyente me dijo: "el hombre es un animal político. Si se le saca la política es un animal". Yo opino y me quejo. Hasta planteo cuestiones internas de la radio públicamente y nadie me dice nada.
-¿Le gusta la gestión de la Secretaría de Cultura de la Ciudad?
-Me parece que apunta demasiado a lo "mega". Si bien los talleres en los barrios se están recuperando, todavía es escaso. La gente que está contratada para estos talleres reciben salarios magros o tarde. No me gustan esos megafestivales que apuntan nada más que al voto y a satisfacer la necesidad de la gente en ver en qué se gasta. Soy partidario de la descentralización y de llevar la cultura a los barrios porque la gente no tiene plata para viajar. Además están los riesgos de las grandes multitudes: desbordes, violencia, robos... Y otra más: se apunta a los consagrados, que ya tienen trabajo.
-¿Qué se puede hacer?
-A los artistas no tan conocidos no hay donde verlos o sale caro, como en el caso del tango. Hay que recuperar el barrio, su memoria, sus exposiciones y sus centros culturales. Subterráneamente hay un movimiento espectacular. Se da con el tango que no tiene una gran presencia en los medios. Los bailes están siempre llenos. Hay cantores populares de primera. Los responsables de cultura deberían rescatarlos y apoyarlos. Hasta grabarles discos, que después se pueden vender o sirven como regalos para las personalidades que llegan o como presentes cuando viajan los funcionarios al exterior.
-¿Cómo es hoy el público de tangos?
-:Estoy notando que hay mucha juventud en los músicos, pero el público tiene canas. De 40 para arriba y hasta los 70. Cada vez hay más jóvenes tocando y bailando tango con alta calidad, pero pocos presenciándolo. Me llama la atención pero no tengo una teoría al respecto. La desgracia del tango es que los artistas deben esperar. El gran Goyeneche fue el de los ´50 y tuvo suceso en su ocaso. Es un tema complejo y tiene que ver con el espíritu del porteño.
-¿Usted tiene una postura política?
-Soy un hombre de izquierda que no se identifica con ningún partido. Me parece que se pelean por pequeñeces. Soy apartidario. Ni apolítico ni independiente. Sueño con la utopia de Jesús: que todos sean iguales y tengan los mismos derechos a la salud, educación y trabajo. Es difícil.
-¿Cómo vota?
-Pocas veces voté en blanco y nunca lo hice en chiste. Por lo general voto en contra. Aunque en la próxima pienso seguir el consejo de un cura villero y poner en la urna una estampita de San Cayetano. Sería un voto pidiendo trabajo. Estoy casi decidido porque me pareció una brillante idea.

Gustavo Masutti Llach
Revista Ahora - Diario Crónica
Buenos Aires - Argentina
2001

domingo, 12 de agosto de 2001

Jorgelina Aranda: "La gente está sobreinformada y atemorizada"



“Si alguna vez alguien me dice que el programa le hizo bien, ya me doy por servida y satisfecha. Hay gente que hasta me llama a mi casa y les pude dar mucho apoyo”

. Es que Jorgelina Aranda tiene la particularidad de que se hizo amiga de sus oyentes de “Jorgelina Aranda, directo al corazón” (Colonia, AM 550, sábados de 20.00 a 21.00), algo muy poco común en el medio. Esta bella mujer saltó a la popularidad como una de las secretarias de Roberto Galán, luego cobró vuelo propio y trabajó junto a Alberto Olmedo y Jorge Porcel, entre otros. Ahora apunta a la radio. “No pretendo combatir el ‘bajón’ del sábado a la noche sino acompañarlo. Desde ese lugar aporto mi experiencia, aportada por los golpes y alegrías que me dio la vida. De este modo entablo un diálogo con aquellos que hoy no quisieron levantarse de la cama. Tratando de echar mano al discernimiento. Una palabra en desuso”.
-¿De qué modo?
-Pensando: ¿por qué estamos así los argentinos? Desde el principio mismo del programa me plantee que nunca iba a pasar una mala noticia. Y no porque viva en una nube sino porque hay exceso de información. Prefiero pasar el dato de una persona que hace terapias gratuitas. Cosas que vas aprendiendo y se las brindás a otro Ser Humano que pueda necesitarlo.
-Alejandro Dolina marca que hay pocos programas que no sean informativos.
-La gente está sobreinformada y atemorizada. Y un pueblo con miedo se paraliza, no decide y no piensa. Se va en la tristeza y en las agresiones diarias que se sufren en un supermercado o al subir a un colectivo. Nos volvemos enemigos, unos contra otros, y quedamos paranoicos. Entonces no vas a la plaza porque temés que te roben el chico. La vida es un riesgo y está llena de esas cosas. Pero yo no las voy a promocionar. Te cuento una historia. Un hombre vendía chorizos, que él mismo hacía, al costado del camino. Lo llamó el hijo, que vivía en la capital e iba a la universidad, y le dijo : “Papá, por favor no pongas una mesa más. No lo hagas, ¿no sabés que hay crisis?” El hombre retiró una mesa, hizo menos chorizos y cuando la gente paraba, no encontraba lo que buscaba y se iba. Entonces el hombre descubrió lo que era la crisis.
-¿Es más fácil hacer programas con información ?
-No sé. Creo que la gente es un poco masoquista. Porque de otro modo no se podría mantener un programa que no escucha nadie. También noto que los programas son muy hablados. (Imposta la voz) “Yo opino sobre esta medida...” Yo, yo, yo... ¿Quién sos? Si ni siquiera estudiaste economía. Estamos desfasados. Después te para un tipo por la calle y te dice “yo sí que trabajaba”. Y yo laburo desde los 15.
-¿Te pasa?
-¡Y cómo ! ¿De qué modo les explico las noches que me pasé sin dormir y que el día que se murió mi hermana tuve que salir a escena con una sonrisa? Después lloraba.
-¿Escuchás radio?
-Poco y nada. Prefiero poner música: Caetano, la Bethania, la Negra Sosa, la Piaf, Cesárea Evora, Goyeneche, Baglieto y el folclore. De pronto me engancho con un locutor pero no quiero saturarme de información. Hubo una época en que el Negro Martinheitz me mataba. Ahora ninguno me llena.
-¿Cuándo descubriste la radio?
-Hace ocho años en Radio Argentina. Hacía un programa de bailanta todos los días de 18.00 a 21.00. Fue una experiencia. Pese a que debuté en Radio del Pueblo a los 16 años reemplazando a una señora.
-¿Cómo?
-Sí. Yo era la Tía Jorgelina y le daba consejos a la gente con mi vozarrón. Pero no lo disfruté. Nadie sabe eso. Recién en radio Argentina descubrí el poder, la fantasía y la magia del medio. Fueron dieciocho meses y quedé enamorada.
-¿Sufriste mucho el fallecimiento de Galán?
-Todas las muertes en mi vida fueron importantes. Porque perdí a casi toda mi familia: madre, padre, hermana, abuelos... y es muy doloroso. Algunas en muy corto tiempo y de un modo muy traumático. Pero Roberto vivió diez o veinte vidas maravillosas. Y eso hizo que no me perturbara tanto. Se dio tantos gustos, se casó, tuvo trabajo y estuvo bien hasta último momento. Era un dandy y un bohemio que viajó desde chico y tenía miles de anécdotas. Un exitoso. En cambio, la de Alberto Olmedo fue diferente.
-Fue más dolorosa.
-Nos dejó sin risa. Cuando pasó estaba recomponiéndome de un accidente serio, que había tenido en Rosario mientras trabajaba con él, y por eso dejé de verlo. Me enteré en una Farmacia y me desmayé.
-A veces cuesta creer que pasaron catorce años.
-Recién ahora puedo ver los programas suyos que repiten. La gente me preguntaba si había visto los episodios que repetían en los que aparecía yo. No podía porque me ponía a llorar. Es que él era el prototipo del argentino. Y una persona extraordinaria. Solidario con su gente, respetuoso de sus compañeros y gran profesional. Por eso digo que esa muerte me marcó más. Roberto vivió una vida tan maravillosa que no fue doloroso. En fin, hay que permitirse un poco de nostalgia.
-Te llevo a la otra punta. Tus nietos.
-Arranqué muy chiquita en esta profesión, recién salida del colegio de monjas. Caí en un ambiente artístico que no es mejor ni peor que ninguno (hay otros, como la política, que son más complicados) aunque antes era un poco más tranquilo. Cuando nació Eduardo, mi primer hijo, sentí que recién empezaba a vivir. A pesar de que lo llevaba a los desfiles y al estudio donde grababa “La tuerca” y hacía parar el rodaje para darle la teta. Me dio vida. Y con Mariana me pasó lo mismo. Y cuando la casa me quedó grande y los brazos vacíos por la falta de mis hijos, llegaron los nietos. Primero Lucía (7) y después Manuel (6) y ahora Mariana me “regaló” a Felipe, que tiene seis meses. Veo con horror cuando los padres retan a sus chicos para que no se muevan ni hagan ruido. No tienen idea del silencio que van a tener cuando sus hijos se vayan de la casa. El placer de sentir dos bracitos alrededor del cuello no tiene precio.
-Susana Giménez es tu consuegra. ¿Cómo es como pariente?
-Apenas si pasamos las Navidades juntas. Porque nos vemos muy poco. Ella labura mucho y yo también así que casi no tenemos tiempo para juntarnos. Creo que la veía más seguido a Susana cuando las dos trabajábamos en el ambiente que ahora. La mala calidad de vida que llevamos te separa de los amigos y a veces hasta de la familia. Más con alguien como ella que es un mito y un generador de programas, trabajo y multitudes. Yo, en una menor medida tengo lo mío y por eso no podemos juntarnos. Pero a los chicos sí que los veo. Y son una bendición.
-Ella dice lo mismo.
-No creo que ningún abuelo diga otra cosa. Porque vienen a una altura de la vida en la que uno siente que más necesita ser mimada y abrazada por los hijos y es al revés, porque se independizan. Y los nietos cierran el círculo porque llenan el hueco del afecto incondicional.


Gustavo Masutti Llach
Revista Ahora - Diario Crónica
Buenos Aires - Argentina
Agosto de 2001

sábado, 11 de agosto de 2001

Rolando Hanglin:"La idea es cambiar todo el tiempo para que sea siempre lo mismo".

Radio Continental (AM 590) es una usina de rumores. Se habla de que algunos se van y otros vienen. Y uno de los comentarios más escuchados es aquel que dice que el Cholo Gómez Castañón "enrocaría" el horario de su programa con el de Rolando Hanglin. Sin embargo, en los pasillos de la emisora no se respira nerviosismo. Y Rolando conduce "R.H. Positivo" (de lunes a viernes de 13.00 a 19.00) con total tranquilidad. Bromea con Mario Mactas en la sección "El Gato y el Zorro", cuyos delirios transformados en libro están a punto de ser publicados por Editorial Sudamericana antes de fin de año, y se ríe con ganas. Luego, se entrega a la charla con AHORA demostrando tranquilidad.
-¿Cuál es la fórmula para que el programa perdure durante tanto tiempo sin perder vigencia ?
-La idea es cambiar todo el tiempo para que sea siempre lo mismo. De este modo, la esencia se mantiene a la vez que van cambiando las secciones y los momentos.
-¿Tenés alguna sección preferida?
-Supongo que "El Gato y el Zorro", la que hacemos con Mario Mactas. Disfruto mucho de reírme. Y también me divierte Encuentros cercanos.
-¿De dónde salen las ideas de las secciones?
-Tengo que pensarlas porque no me gusta mucho hablar con los famosos al aire. Mi motivación a la hora de hacer un reportaje es que la persona entrevistada tenga algo para contar. Y, por ejemplo, un argentino que vive en el exterior seguramente tiene mucho para compartir. Del mismo modo que alguien que hizo un muy buen viaje. Entonces opto por ellos.
-¿Qué tiene de diferente una entrevista con un desconocido?
-Yo las encaro igual. Mi técnica es la misma. La diferencia es que en un desconocido tenés que empezar por lo elemental hasta que encontrás el punto de interés. Lo que da leche. Sea famoso o no, siempre empiezo con ¿Dónde naciste?. De ahí los hago hablar de los padres, de la infancia, el colegio y el barrio, para luego hacerlos pasear por su carrera hasta llegar al momento actual. El nudo puede estar en cualquier lado. La intención no es hacer preguntas brillantes sino dar un pie para que el otro pueda contar lo suyo.

Una buena parte de "R.H. Positivo" la ponen los oyentes con su participación activa. Ellos llenan la mayoría de las secciones tradicionales del programa con sus anécdotas, comentarios u ocurrencias que pueden llegar vía telefónica, postal o e-mail. A partir de allí las secciones como "Encuentros cercanos", "El viaje a los abuelos", "La Osa" o "argentinos por el mundo" brillan.
-¿Tenés un oyente ideal a quien dedicarle el programa? ¿Pensás en alguien cuando hacés los comentarios ?
-No. Nunca pienso en oyente porque nos escucha todo tipo de público. Me expreso yo. Trato de hacer algo entretenido y divertido porque si la paso bien, el oyente la pasa bien. A mi ritmo.
-Se dice que pasarías con tu programa a la mañana. ¿De ser así, qué tendrías que cambiar para adaptarlo al nuevo horario?
-Debería ir un poquito más rápido. Hay que aclarar que no es lo mismo la primera (que va desde las 6,00 a las 9,00) que la segunda mañana (que arranca a partir de las 9,00). En esta, en lo que hace al contenido, con incorporar unos pocos toques de actualidad alcanza.
-¿Te gustaría encarar ese desafío? Es el segmento más competitivo y de mayor audiencia.
-Me gustan todos los horarios de la radio, desde la primera mañana a la trasnoche. No tendría problemas en ninguno de ellos si se da el caso. Aunque hace como quince años que no hago radio por la mañana de la semana. Me considero que un clásico de la tarde porque estoy estabilizado, pero me encantaría hacer la mañana. Y la haría incorporando lo que aprendí en este horario vespertino en materia de ritmo, profundidad y desarrollo humano.
-¿La tarde radial es más humana?
-Sí. Porque las noticias están gastadas. A veces pasa, pero es raro que te coma la actualidad en la mitad del envío. Además, ya vas por la página veinte del diario y no por la primera plana como a la mañana.
-¿Escuchás radio ?
-A Víctor Hugo Morales y a Daniel López con Mariano Grondona.
-¿No sintonizás a nadie de la competencia?
-No. Vivo en una burbuja que es Radio Continental. La verdad es que no lo hago porque no me hace bien escuchar a la competencia.
-¿Cómo afecta la crisis a un programa como el tuyo?
-Tratamos de llevarle un bálsamo a la gente. Hay días que algo comentás al respecto, pero siempre eligiendo el momento y tratando de no repetir lo que ya se dijo tantas veces. No hace falta sumar angustia. Pero cuando pasa algo dramático espectacular en la calle o donde sea, lo seguimos. Porque somos periodistas y no te podés olvidar de eso. No nos aislamos.
-Sos inquieto. ¿Por dónde pasa tu búsqueda espiritual hoy?
-Es muy personal. Pasé por muchas escuelas, hermandades y tendencias. Hoy busco dentro mío y leo mucho. Sobre todo los clásicos.
-¿Homero, Sófocles, Platón... ?
-No, no. No soy lector de filosofía ni de clásicos griegos. No me gustan. Cuando hablo de clásicos me refiero a Ernest Hemingway, Ricardo Güiraldes, Mark Twain o Lucio Mansilla.
-Si escribieras un libro sobre tu fe. ¿A qué sección de la biblioteca iría a parar?
-A la de ficción (sonríe). Porque no tengo ni creo en ninguna fe. Para mí hay que ver, no creer, como dicen los budistas. No hace falta creer en nada, porque todo lo tenés que percibir por medio de los sentidos. Aunque tal vez sea válido aclarar que no soy budista pero tampoco estoy cerca de la pasión de Cristo.
-¿Eso quiere decir que no te entregás?
-Sí, pero sólo a mi mujer y a mis hijos. A mis afectos. Pero no soy creyente y no creo en el creer. Tampoco en las iglesias. No me interesa.

Gustavo Masutti Llach
Revista Ahora - Diario Crónica - Buenos Aires
Agosto de 2001